domingo, 13 de junio de 2010

Palabras vacías




El sábado estuve en el concierto que Alejandro Sanz ofreció en Málaga. Aunque es un gran artista, no está en mi lista de favoritos, asistí para acompañar a mi mujer que, desde hace muchos años, canta sus canciones y compra sus discos. Una de las lecciones que me ha enseñado la vida, hasta el momento, es que de todo se aprende algo, y aproveché el espectáculo (que fue muy bueno, hay que admitirlo) como fuente de inspiración para un nuevo artículo. Afortunadamente, Alejandro Sanz me regaló un par de temas: su lección para conquistar al público con las emociones y todo lo que rodea al espectáculo, y el uso que damos a algunas palabras. Hoy, os hablaré de esto último.


Sus letras, sin duda, están cargadas de poesía y tienen una musicalidad extraordinaria, pero pensando en clave comunicativa me llevaron a pensar, mientras miles de voces las cantaban al mismo tiempo, la facilidad con la que empleamos palabras y expresiones como: amistad, amor, te quiero, me muero sin ti, etc. En el contexto en el que nos movemos (las letras de una canción), es normal que aparezcan constantemente y que no nos planteemos si existe correspondencia entre lo que se canta y lo que luego pasa en la realidad (el amor está lleno de obstáculos, la amistad no es tan pura como la pintan y casi nadie se moriría si uno faltase).

Esto mismo ocurre con otras palabras y expresiones en la parcela que a nosotros nos interesa en este blog. En el ámbito de la comunicación política, hemos machacado el lenguaje. Si los artistas hablan hasta la saciedad en sus letras del amor, los políticos emplean una y otra vez términos y frases tipo eslogan hasta vaciarlos por completo de contenido. Un buen ejemplo es el calificativo "sostenible", que está presente desde hace un tiempo en el discurso político hasta un punto que roza lo insoportable. Ahora, todo es sostenible. Los proyectos, las normas, las leyes, el urbanismo, el desarrollo, etc. Todo, absolutamente todo, es sostenible. Es la palabra de moda con la que nos quieren decir que apuestan por un progreso que respeta el medio ambiente y garantiza el futuro de las generaciones futuras. Se emplea con tanta frecuencia esta palabra y de modo tan injustificado en tantas ocasiones, que se ha convertido en un calificativo gastado y sin credibilidad ninguna. Lo mismo ocurre con términos como solidaridad, igualdad, honradez, unidad, esfuerzo, diálogo, consenso, etc.

El problema no está en emplear estas palabras, sino en usarlas sin respetar su significado. Cuando, sin ser cierto, un partido dice que sus "políticas luchan por la igualdad entre hombres y mujeres", "que defienden la unidad de España", "que buscan el consenso de todos", "que apuestan por el diálogo", "que miran por la solidaridad entre comunidades", "que son el espejo de la honradez", está restando credibilidad al diccionario y ensuciando la imagen de la política.

Los partidos buscan palabras que reflejen sus valores y se apoderan de ellas para convertir la lucha política en una lucha de lenguajes (derecha e izquierda tienen un lenguaje propio). Cada partido defiende unos valores y cada uno tiene sus propios sustantivos, calificativos y expresiones que los definen. Cuando se abusa de esta fórmula persuasiva se cae en un error, sobre todo, si lo que decimos no se corresponde con la realidad. Es decir, nadie se cree que el partido X es el partido de la solidaridad, del esfuerzo o de la unidad de España, si no lo demuestra con hechos. Las palabras, pues, quedan en papel mojado e inutilizables.

En nuestra vida diaria, ocurre algo parecido, como en las canciones y en los discursos políticos. ¿Cuántas veces hemos dicho que amamos sin amar de verdad? ¿Cuánta amistad hemos dicho dar sin ser cierto? ¿Cuánta solidaridad se vende sin pasar de puro apoyo interesado? ¿Cuánta sostenibilidad real hay en los proyectos que defienden los gobiernos y partidos? Amigos, no podemos vaciar de contenido las palabras. Si lo hacemos, dejarán de ser palabras para convertirse en ruido. La Comunicación Política Cívica defiende otro modelo, que pasa por llamar a las cosas por su nombre y no encorsetar los discursos en un vocabulario tan rígido. La persuasión tiene otros caminos.



6 comentarios:

  1. Hola Juan Diego, estoy de acuerdo contigo completamente. Se nos llena la boca hablando de valores y palabras varias, las cuales asociamos a uno u otro partido, y en el fondo creo que perdemos el norte.

    Como tu dices "no podemos vaciar de contenido las palabras".

    La verdad es que yo hay palabras que no sé lo que significan, sobre todo en boca de algunos políticos de 6ª división por lo menos.

    Como decía aquel "un poquito de por favor" y me sumo a tu idea final. Vamos a persuadir con la razón, y el argumento llevado a buen término, y no con verborrea barata escrita por alguien que probablemente sabe bastante más que el que va a leer el discurso.

    Saludos,

    José Miguel Gil

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  2. Gracias José Miguel por tu comentario. Las palabras no son inocentes y, a veces, se abusa de ellas para conseguir objetivos poco éticos. La persuasión no debe tomar el camino fácil del engaño, hay otras formas de conquistar mentes y corazones. Por cierto, tienes razón en el comentario que haces hoy en tu web (wwww.josemiguelgil.com)sobre la derrota de la selección: una cura de humildad no viene mal, y no sólo a la selección, es una lección para todos. La derrota nos puede hacer mejores.

    Saludos, amigo.

    Gracias.

    Juan Diego.

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  3. La derrota como dijo Saramago, tristemente desaparecido ayer, tiene la ventaja que al igual que el triunfo nunca es para siempre.

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  4. Nada es para siempre, es de las pocas cosas de las que parece que tenemos certeza en esta vida.

    Gracias por leernos.

    Un saludo.

    Juan Diego.

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  5. De acuerdo en lo de sobradamente sostenible y menos en boca de un político donde nada se sostiene en el medio natural que pocos votos da o eso es lo ue creen ellos, en cuanto a las canciones de amor pasa igual que en los discurso políticos, nos gusta escucharlos pero no practicarlos,y menos mal, jajajaja, enhorabuena por tú blog,es un placer leerte en un medio aún libre. Saludos

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  6. Y es que por la boca muere el pez, va en los genes del ser humano: hablar más de lo que se debe y se siente.

    Gracias por leernos!

    Saludos.

    Juan Diego.

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