Tesis doctoral defendida el 11 de
noviembre de 2015 en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la
Universidad de Málaga por
Juan Diego Sánchez Martínez.
RESUMEN DE ANDAR POR CASA:
Esta tesis explica cómo deben comunicar los políticos para NO cabrear más a los ciudadanos.
RESUMEN TÉCNICO
'Comunicación política cívica.
Reformulación de las relaciones entre gobernantes y gobernados' tiene como
objeto de estudio las agendas de los ciudadanos y de los políticos y su nexo de
unión con la agenda de los medios de comunicación. La investigación propone una
nueva forma de entender la comunicación política para que las relaciones entre
gobernantes y gobernados sean más democráticas. El autor plantea la necesidad
de dotar a la comunicación política de mayores dosis de civismo, de modo que
esta resulte más transparente, cercana y autocrítica.
En el primer bloque de la tesis
se exponen un planteamiento general, la justificación, la delimitación del
trabajo, los objetivos, hipótesis y la metodología empleada en la
investigación. El segundo bloque es para el marco teórico, en el que se habla
de los efectos de los medios de comunicación, opinión pública, comunicación
política y de la noción de civismo asociada a la misma. En el tercero se ofrece
el análisis de contenido realizado sobre cinco periódicos que cubrieron una
campaña electoral en España de ámbito autonómico, para determinar la agenda de
temas que manejaron los partidos políticos, se exponen los datos de las
entrevistas realizadas por el investigador a los coordinadores de campaña y se
explican cuáles eran las preocupaciones de los ciudadanos por aquel entonces en
base a las encuestas de instituciones como el CADPEA o el CIS. En este
apartado, al mismo tiempo, se documenta la discusión de los resultados.
Por último, en el capítulo de
conclusiones, el autor constata la importancia de dotar a la comunicación
política de un nuevo eje vertebrador, que debe encontrar en los intereses
generales de los ciudadanos. Para lograrlo, entre otras medidas, el
investigador propone que los partidos políticos y gobernantes cuiden más sus
agendas y el tono que emplean para acercarse a lo que los ciudadanos esperan de
ellos. Se trata de una tesis que busca mejorar la democracia cambiando las
relaciones entre gobernantes y gobernados por la vía de la comunicación política.
CONCLUSIONES (resumidas)
La investigación llega a su
última fase tras plantear uno de los mayores problemas de la sociedad de
nuestros días: la insatisfacción de los ciudadanos con el funcionamiento de la
democracia. En sus diferentes capítulos, el estudio ha hablado de los tres actores
fundamentales que podrían intervenir para mejorar, desde una perspectiva
comunicativa, esta situación. Gobernantes, ciudadanos y medios juegan papeles
diferentes en la democracia pero están íntimamente interrelacionados. Una vía
de unión de indudable relevancia es la comunicación, que puede inyectar
vitalidad y salud a sus sinergias. Hay otras formas de reforzar nuestro sistema
político pero, aquí, como se explicitó desde un principio, el enfoque que se
adopta es el comunicacional.
En este apartado, el doctorando
propone que, entre todos (académicos, consultores políticos, medios de
comunicación, partidos, instituciones, sociedad civil y ciudadanos en general)
estudiemos qué misión desempeñamos en la democracia y de qué forma podemos
contribuir a mejorarla. Los postulados de la comunicación política cívica
constituyen una de las tantas respuestas que necesita nuestro sistema
democrático para seguir creciendo y no conformarse con conquistas que, aun
siendo históricas, pueden escribir nuevos capítulos, romper muros y ganar más
batallas.
En las siguientes líneas, se
plantea un código de buenas prácticas para una comunicación política cívica que
no busca el dogmatismo, sino mantener el debate y prender nuevos frentes de
diálogo.
1. La comunicación de gobierno y
electoral debe ser bidireccional, es decir, si la palabra sólo tiene un sentido
de circulación, estamos ante un caso de difusión pero no de comunicación. Los
gobernantes hablan y son escuchados, pero los gobernados también han de ejercer
de emisores y no exclusivamente de receptores.
2. Este planteamiento supone que
la comunicación presta atención real al ciudadano, el cual no es tratado como
un mero número, consumidor de mensajes o votante. Los partidos, gobiernos e
instituciones han de abrir vías de conexión con la ciudadanía aprovechando las
tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Usar la prensa como
intermediario entre gobernantes y gobernados ya no es suficiente, los
ciudadanos tienen autonomía comunicativa. Las herramientas del Gobierno Abierto
y de las leyes de transparencia deben estar en el día a día de las
administraciones y sus postulados (información, participación y colaboración)
han de ser asumidos por éstas con todas sus consecuencias. Esta nueva cultura
aperturista que no teme a dar información al ciudadano y que éste participe en
la toma de decisiones requiere de un cambio profundo, no sólo de la mentalidad
de los políticos y funcionarios, sino también de los propios ciudadanos, que
deben despertar de su letargo y desinterés por lo público.
3. Este modelo comunicativo ayuda
al ciudadano para que adquiera la cultura política que le falta, realiza, pues,
una democrática labor de alfabetización cívica que facilitará el surgimiento de
demócratas practicantes.
4. La comunicación política
cívica sabe qué le preocupa al ciudadano y acerca la agenda de los partidos y
gobiernos a la agenda de preocupaciones de la ciudadanía. Además de hablar de
aquello que le inquieta lo hace con un tono adecuado para que no rehúya del debate
o mensaje. Según el CIS de enero de 2015, el paro, la economía, la
corrupción, los políticos en general, los partidos y la política son los temas
que más preocupan a los españoles, de estos asuntos, por tanto, hay que hablar
y discutir (lo que no excluye, obviamente, que se traten otras muchas
cuestiones que, incluso, no aparecen en los barómetros).
5. La comunicación política
cívica tiene en el ciudadano su principal preocupación pero no renuncia a la
persuasión, es decir, ha de ayudar a los gobiernos a ‘vender’ su gestión y a
los partidos políticos a ganar elecciones. Su enfoque tiene que combinar ambos
intereses, de lo contrario, su puesta en práctica fracasará, pues los
gobernantes verán en ella un tratado utópico de buenas intenciones, muy democrático
y loable pero poco realista.
6. La comunicación que propone el
doctorando es transparente, cercana, asertiva, autocrítica y enemiga de la
mentira y del insulto. Practicar esta fórmula, además de ser beneficiosa para
el ciudadano, y, por tanto, para la democracia, es positiva y da réditos
electorales a los partidos. Los ciudadanos están hartos de que les mientan y de
la crispación, hay que instaurar un nuevo lenguaje, una nueva forma de hacer
política y de comunicarla. Nada de esto impide que pueda existir ni debate ni
enfrentamiento político, el choque ideológico y la contraposición de opiniones
es absolutamente legítimo y sano, lo que no es admisible es la mentira. No en
vano, las encuestas del CIS revelan que la honradez y la integridad son las
características más valoradas en un político.
7. El lenguaje que se propone
rebaja la intensidad de las formas de expresión publicitarias, del espectáculo
político y de guerrilla tan propios de la campaña permanente en la que estamos
inmersos.
8. La comunicación es vehículo de
la crítica pero también debe serlo de la propuesta. La transmisión de mensajes
orienta al ciudadano en la compleja realidad que le rodea y le permite elegir
entre las diferentes opciones partidistas en conflicto, y, al mismo tiempo, ha
de servir para construir puentes entre los partidos y entre éstos y los
ciudadanos.
9. La comunicación política
cívica tiene en los medios a un gran aliado pero, en modo alguno, debe
interferir en la línea editorial de los mismos ni directamente con el
nombramiento y destitución interesada de cargos ni mediante la compra de
favores o amenazas vía publicidad. La comunicación política debe encajar que
entre gobernantes y gobernados siempre habrá filtros y que, uno de ellos, es el
periodismo.
10. La comunicación política
cívica no realiza una enmienda a la totalidad a lo que existe en la actualidad,
pero sí propone introducir cambios que benefician a todos, por ello, emplaza a
que sus principios no queden en papel mojado y sean estudiados por los
partidos, políticos, asociaciones profesionales, consultores, asesores y
académicos, de modo que, sin leyes de por medio, el sector se autorregule, se
comprometa con un código ético y aprenda una nueva forma de comunicación que
ayude a mejorar las relaciones entre gobernantes y gobernados.
Desde las elecciones autonómicas
andaluzas de 2008 han pasado muchas cosas. Han nacido y adquirido un gran
protagonismo e influencia partidos de nuevo cuño como Podemos y Ciudadanos, que
lanzan mensajes para diferenciarse de las formaciones históricas y romper el
bipartidismo; hemos asistido realmente sorprendidos, en el contexto de la
crisis, a fenómenos de protesta como el 15-M que dieron la vuelta al mundo, y
las redes sociales de Internet han tomado un papel muy relevante en las
relaciones personales y en la forma de comunicar de los políticos. Es cierto
que todo esto ha ocurrido y que ni la España ni la Andalucía de hoy son iguales
a las de hace siete años, pero hay algo de vital importancia para el presente y
el futuro de nuestra sociedad que no ha cambiado: la preocupación por la
calidad de nuestra democracia.
En los últimos años, como hemos
visto, la inquietud de los ciudadanos por las lagunas que presenta nuestro
sistema democrático ha crecido. Desde la Universidad podemos y debemos dar
respuesta a esta situación, de ahí que este doctorando proponga que se adopten
medidas por la vía política que germinen en un gran pacto de Estado que, de
verdad, regenere la vida democrática del país; por la vía mediática, se plantea
que los medios hagan suya la filosofía del periodismo cívico, y, desde la vía
de la comunicación, se defiende la asunción de los principios explicados en la
guía de buenas prácticas de la comunicación política cívica. Todo ello
permitirá mejorar las relaciones entre los gobernantes y los gobernados y
disfrutar de las nuevas conquistas que nuestra democracia dibuja en su
horizonte.