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domingo, 10 de noviembre de 2013

Diferencias entre el marketing político y el comercial






Hace unos días reflexionaba sobre los paralelismos entre el marketing político y el comercial, hoy, vemos las diferencias básicas que los separan.


- Diferente tratamiento de los medios de comunicación. La prensa ejerce sobre la política un control que no soporta la persuasión comercial. El marketing político se sitúa bajo la lupa escrutadora de los medios, cuya relación con la mercadotecnia de productos y servicios es absolutamente diferente, entre otras cosas, por los compromisos publicitarios que inyectan dinero en las empresas de comunicación y, al mismo tiempo, silencian las voces críticas de los periodistas por imposición editorial de los equipos de dirección. Que el dinero de la publicidad compra voluntades mediáticas no es nada nuevo.



- Menores restricciones deontológicas en el marketing político. La publicidad comercial, cuyo papel en el sostenimiento de la democracia es inexistente, está sujeta a normas que impiden, por ejemplo, la publicidad engañosa o sexista, no ocurre lo mismo, en cambio, con la publicidad política, que sí cumple una misión en la protección de la salud de nuestro sistema democrático. Una autorregulación que dotase de un código deontológico sería útil para marcar unas líneas rojas más estrictas que las ya trazadas por ley en el ámbito del marketing político.



- Límites legales. Aunque los límites en los contenidos para las campañas políticas son escasos, no ocurre lo mismo con las restricciones de tipo temporal y de recursos económicos. Tienen una fecha de comienzo y de finalización y unos topes presupuestarios. En el caso de las campañas comerciales, impera la libertad en estos campos.



- Alusión a la competencia. La publicidad comparativa, aquella que alude a la competencia, es muy común en la política pero realmente infrecuente en el mercado de bienes y servicios. 



- Etiquetado. El ser humano se mueve en un mundo cambiante y complejo y necesita simplificar la realidad que le rodea para orientarse en ella con más acierto y comodidad. Una de las herramientas que utiliza para conseguirlo en política es la del etiquetado, es decir, en pocos calificativos describe la ideología y gestión de un partido o de un gobierno y, estos, a su vez, se definen a sí mismos y a los adversarios creando etiquetas. Estas son pura propaganda positiva cuando se trata de hablar de su trabajo y se transforman en propaganda negativa, cuando no difamatoria, cuando lo que está en juego es describir al adversario. En estos casos, las etiquetas se desnaturalizan y no ayudan al ciudadano en su labor de entendimiento de la realidad. No ocurre lo mismo con las etiquetas de las marcas comerciales, que aportan información útil y clara sobre los productos (el etiquetado, además, está regulado por ley, algo que no ocurre en política).



- Naturaleza del consumo. Como dice Martín Salgado: “Está claro que no tenemos que mantener los productos que compramos durante cuatro años si éstos no nos satisfacen y, lo que es más importante, esos productos no toman decisiones en nuestro nombre”. En política, el candidato que 'compramos' toma decisiones importantes que nos afectan y, además, lo hace durante cuatro años... no hay posibilidad de 'devolverlo' antes.

domingo, 27 de octubre de 2013

Paralelismos entre el marketing político y el marketing comercial



Ideas basadas en el libro 'El servicio postventa de la política', del profesor Óscar Sánchez


1. Comparten una naturaleza persuasiva.

2. Profesionales y contratación de servicios externos. “El recurso a profesionales ajenos a la militancia, desligados de la pertenencia a cuadros internos o al organigrama jerárquico de un partido, pretende, por tanto, la mayor solvencia y eficacia en el desarrollo de sus funciones de consumo, donde la contratación de servicios externos es la práctica absolutamente mayoritaria (…)”.

3. Tanto el mercado comercial como el político exigen un “máximo conocimiento de los adversarios y competidores, con su correspondiente diagnóstico sobre las amenazas y oportunidades que representan” y, a partir de ahí, se diseñarán las tácticas y estrategias a seguir.

4. Herramientas de investigación y comunicación. “Puede decirse que las técnicas de información y análisis, las técnicas para describir el mercado, entrever sus tendencias y diagnosticar su evolución, son esencialmente compartidas, sin que quepa subrayar una especial y significativa diferenciación entre ambos frentes. Asimismo, en cuanto a los medios y soportes para comunicar el mensaje, el abanico es amplio, pero de nuevo, las conexiones político-comerciales se desprenden de forma inmediata”.

5. Público destinatario como eje. “El público objetivo se constituye en referencia básica, en motor desencadenante y varadero final de todo el trayecto”·

6. Hegemonía de los mensajes transformativos. La necesidad de que la propuesta resulte fuerte y diferenciadora lleva al marketing político a utilizar como en la publicidad contemporánea los llamados mensajes transformativos, que son aquéllos que no se sustentan en una información objetivable, sino en rasgos y características psicológicas que, sin el anuncio en cuestión, difícilmente serían deducibles. Los mensajes informativos se apoyan en características inherentes al producto, más fácilmente medibles y comprobables. Ejemplo transformativo: “X es el partido de la libertad y el progreso”. Informativo: “X presenta en su programa electoral 100 medidas contra la crisis”.

7. Corrientes y filosofías creativas compartidas. “(…) las principales filosofías creativas encuentran reflejo en la mercadotecnia política”, como ejemplos tenemos los conceptos de imagen de marca (para el partido) y el posicionamiento.

8. Estrategia y redacción, cortadas por los mismos patrones. Desde el punto de vista táctico y estratégico, los vínculos se vuelven inmediatos. De hecho, el conjunto de la planificación estratégica, proyectada sobre el producto mercantil, encuentra legítima extrapolación sobre el 'producto político'. Desde el punto de vista redaccional y de la retórica, la conexión no es menos elocuente, estamos trabajando, al fin y al cabo, con la misma materia prima: el potencial persuasivo de la palabra y el lenguaje.