domingo, 9 de enero de 2011

Ted Williams, la voz de oro


Lo de este hombre es sencillamente maravilloso. ¿Cómo un tipo totalmente abandonado y maltratado por las drogas y la mala vida te puede cautivar en diez segundos? Su tremenda historia, cargada de tragedia y ternura, envuelven una voz prodigiosa. Les hablo de Ted Williams, un 'sin techo' de Brooklyn que vagaba por las calles de Ohio y que, en pocas horas, se ha convertido en un cotizado locutor.

Mendigaba con un cartel que rezaba: "Un regalo de Dios, una voz dorada". Un periodista del Columbia Dispatch lo descubrió por casualidad y lo ha lanzado al estrellato. ¡Cuánta razón tiene Ted! Su timbre y entonación son propios de un barítono. Es imposible no encontrar trabajo con ese don tan extraordinario. Aquí tenemos un gran ejemplo del valor del lenguaje no verbal: no importa que sea guapo o feo, listo o inútil, ni siquiera es relevante que entienda lo que le den para leer... su voz tiene una fuerza arrolladora, transmite
emoción, credibilidad y entusiasmo, son tres armas con un gran poder.

Muchos políticos y, por supuesto, periodistas, pagarían lo que no tienen por tener una voz así. Los mensajes no solo convencen, influyen o emocionan por su contenido, sino también por el envoltorio del lenguaje no verbal. La forma de andar, la ropa, las pausas, los gestos y, como no, las características de la voz, juegan un papel esencial en el proceso de comunicación.


Lo entrevistan en decenas de medios y su cara lo dice todo: sus ojos y su sonrisa reflejan una inmensa felicidad cuando está ante las cámaras, son pura comunicación. Apenas lo conocemos y quizá haya cometido auténticas barbaridades, no lo sé, pero en principio, es realmente difícil no sentir felicidad por la fortuna de este tipo. Su historia nos emociona pero también su aspecto y su voz. Ted es una gran lección de comunicación.

Esta historia también habla mucho del calado que ha adquirido el fenómeno de Internet. En pocos días, el mundo entero conoce a Ted y su prodigiosa voz. La Red está cambiando muchas cosas y eso también es un regalo. El amigo, que fue locutor en su día, arrastra una vida tortuosa, esperemos que logre enderezarla, la voz no puede hacerlo todo.

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